A los 14 años me tomé mi primera copa, en una fiesta infantil, coñac con cocacola. Fue mi primera incursión en el mundo de las drogas. Aunque he de reconocer que la primera vez fue en mi primera comunión, de la mano de un sacerdote.
A los 16, acompañado de unos amigos, encontramos un paquete de Ducados y nos lo fumamos.
A los 17, con los mismos amigos me fumé mi primer porro (aunque ahora sé que aquello tenía más barro que hachis).
A los 23 tomé LSD y pastillas (no me preguntéis qué pastillas, a saber qué había dentro)
A los 25 cocaína.
En la actualidad el alcohol lo tomo con moderación. El LSD no lo tomo desde los 24, que tomé el último con la conciencia de que era demasiado peligroso jugar así con el cerebro. Pastillas sólo tomé una vez. La cocaína la dejé después de una fiesta en la que me quité un dolor de cabeza, en plena resaca, con un "tirito". Pasé una semana con un mono de coca terrible y la segunda también con el mono. Decidí que era excesivamente adictiva para mí. Dejar el tabaco es lo que más me ha costado en la vida: 5 años de infructuosos intentos. Finalmente lo cambié por otra droga igualmente adictiva: el deporte. Mi relación con la marihuana y el hachís es distinta, no la tomo porque no la compro, pero si cae en mis manos una tortillita (como ocurrió hace dos años) o una magdalena (me han prometido una hace poco), no las perdono.
En mi época te contaban que fumar y beber era de hombres. A las mujeres les decían que fumando rompían las cadenas del yugo machista y bla, bla, bla... Durante años, nuestros más queridos amigos, sin saberlo, nos han estado condenando a muerte. Fumar mata, todos conocemos a alguien que por culpa del consumo de tabaco nos ha dejado. También conocemos a muchos que murieron por sobredosis de otras drogas, pero el tabaco se lleva la palma.
Los fumadores somos drogadictos, igual que los heroinómanos o los alcohólicos. La diferencia es una cuestión cultural. No está mal visto que te fumes un cigarro por la calle, ni que te tomes una cerveza en la barra de un bar. Son drogas legales, permitidas tanto por la ley como por la sociedad. Pero son drogas. En el momento en que nos damos cuenta de que necesitamos dejarlas porque hemos perdido por culpa de ellas el sentido verdadero de nuestras vidas, comenzamos a tener un problema.
No pretendo dar a nadie una charla moral. Soy un defensor aguerrido en pro del consumo de drogas y de la legalización de las mismas, especialmente de las que llegan a nosotros de un modo natural. Mi única intención es hacer hincapié en que, si fumas y no puedes dejarlo, si te pinchas y no puedes dejarlo, si bebes y no puedes dejarlo... eres drogadicto. Igual que yo, que sé perfectamente que el día que me ponga un cigarro encendido en la boca volveré a caer. Podré beber, esnifar, picarme, correr hasta la extenuación, tomar ácidos y bailar hasta el amanecer al ritmo que me marque la anfetamina, pero jamás podré volver a fumar. Soy drogadicto.