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Normalmente soy corredor. Desde que terminé el Camino de Santiago del que hablé la semana pasada, me puse a correr como un cobarde huyendo (en este caso huía de mi adicción al tabaco). Desde el año pasado y harto de estar continuamente lesionado, me apunté a natación y, durante el verano dediqué más tiempo a la bicicleta. Asímismo, en verano hace dos años, practiqué vela y el año pasado kayak de mar. En la actualidad hago natación lunes y miércoles, carrera en cinta (una cuestión de gustos y horarios) martes y jueves y senderismo en domingo.
Desde que practico este tipo de entrenamiento cruzado he dejado de tener lesiones, no pequeñas molestias, pero sí lesiones de esas que te hacen abandonar el deporte durante más de una semana. Ésto, añadido a los estiramientos posteriores, me mantienen en forma.
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